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Archive for gener de 2010

Con muchos cineastas adoptando la tecnología 3D, el cine parece estar pasando por una etapa de transición. No creemos que en algún momento el 3D vaya a reemplazar por completo al 2D, pero sí creemos que pueden vivir en equilibrio. Siendo que cada vez más cines soportan aunque sea un tipo de tecnología 3D, las fábricas de televisores están comenzando a hacer lo mismo. Anteriormente mencionamos otros casos y ya Sony anunció que para 2010 podremos ver el primer Bravia 3D.

Según Sir Howard Stringer, jefe ejecutivo de Sony en Inglaterra, “claramente está en camino a convertirse en una tecnología masiva en el mercado. Todavía hay que resolver una gran cantidad de problemas, pero el tren 3D esta sobre rieles y Sony esta listo para llevarlo a casa.” También dijo que Sony se vio inspirado por el éxito que tuvo la tecnología en el cine, ya que capturó la imaginación de miles de cineastas. Por esta razón, Sony tiene pensado vender globalmente televisores Bravia que soporten 3D desde finales de 2010.

Además del anunció oficial de los nuevos modelos de Bravia, también dijo que “espera” que otros productos de Sony, como ordenadores portátiles Vaio, juegos de PlayStation 3 y DVDs Blu-ray, adopten también la tecnología 3D. Seguramente Stringer no tiene decisión sobre si ese será el futuro de Sony, pero tal vez sea una ventana hacia lo que tiene planeado la empresa japonesa para el futuro.

Sony presentará sus televisores 3D a finales de 2010.

Otro departamento donde Sony también piensa implementar tecnología 3D, es en los discos Blu-ray. Según han dicho, ya hay varios equipos trabajando en entregar una experiencia 3D consistente en ese tipo de discos y también confirmaron que tendrán una resolución de 1080p y será compatibles con lectoras 2D. Finalmente, Sony también anunció un servicio de televisores que permitirán ingresar a Internet y, por ejemplo, ver vídeos de YouTube en el televisor. Esto último se espera en noviembre en Inglaterra. Habrá que esperar para saber sobre otros países.

Si aún había empresas que no estaban completamente convencidas de que el 3D no era exclusivo al cine y también podría hacer su aparición en los hogares, el hecho de que ahora Sony también apoye esta tecnología será un gran paso para que sea aceptada de manera masiva. La empresa japonesa ahora se suma a otras como LG y Samsung, quienes también han presentado televisores que soportarán algún tipo de tecnología 3D. Para más detalles, se dice que Sony tendrá más información al respecto en la IFA (Internationale Funkausstellung Berlin), que se llevará a cabo en Berlín la semana próxima.

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En los últimos años del siglo XX y el los primeros del siglo XXI estamos asistiendo a unos avances tecnológicos sin precedentes en el marco de los que podríamos denominar la Revolución Digital. Muchos de nuestros hijos se han convertido, o podrían convertirse, en secreenagers.

Es decir, niños y adolescentes, que pasan muchas horas enganchados a las pantallas. Si en inglés screen significa pantalla y teenagers significa niños/adolescentes entre, aproximadamente, 10 y 20 años: los secreenagers son aquellos jóvenes que pasan muchas horas ante las pantallas: sean de televisión, del monitor de videojuegos, de Internet, de móvil o de música con auriculares. En España este fenómeno no está tan extendido como en otros países en que la mayor penetración de las nuevas tecnologías es evidente.
En España necesitamos pensar estos temas si padres no nos queremos convertir en verdaderos analfabetos en el mundo de los lenguajes, símbolos, habilidades que suponen el manejo de las nuevas tecnologías. Se trata de saber cómo orientarlos, educarlos, conectar con ellos: saber qué les pasa. Y si no nos formamos, si no profundizamos en estos mundo lo suficiente como para llegar a ellos, se producirá lo que ya se denomina, en algunos estudios, como ciberfractura generacional. Es decir: el crecimiento de un abismo generacional que supone que nuestros hijos no nos entienden porque no hablamos su idioma. Un abismo que señala que no sabemos por dónde van, qué les interesa ni qué les pasa por la cabeza. Los padres hoy debemos tener en cuenta que nos arriesgamos a no saber educar a nuestros hijos si no sabemos tratarles ni entendemos qué hacen.

No se trata de demonizar las nuevas tecnologías que hacen avanzar la economía, el saber, la ciencia, la transmisión de información… Sin embargo, para ellos hoy es sólo un juego que denominaremos ocio digital. Un juego muy atractivo, irresistible, que les atrae de un modo intenso pues les acerca al grupo de pares, les lleva a paraísos de infinitas posibilidades y de gran interactividad, pero que también les puede apartar de la realidad de cada día. Les puede engullir en la Realidad Virtual y alejarles de los requerimientos de la Realidad Real. Incluso, en algunos casos extremos, les puede llevar a actuaciones y comportamientos que nos hablan de unas actitudes adictivas nuevas ante las que debemos estar muy atentos.

Es importante precisar que serán pocos casos los que nos permitan hablar de comportamientos adictivos, sin embargo hay que señalar que la precaución siempre es necesaria pues el riesgo, aunque remoto, existe.
Es preciso destacar que se parte de un a priori muy claro: las nuevas tecnologías son neutrales: ni positivas ni negativas en sí mismas. Todo depende del uso que se haga. Todo depende del tiempo que se dedique y la capacidad crítica que se ejerza a la hora de saber situarlas en su justo lugar. Como padres, deberemos mantenernos alejados de cualquier tentación de rechazo simplista de la tecnología o, por el contrario, exaltación sin crítica de la última novedad. Habrá que huir de cualquier extremismo: ni todo es censurable ni todo es magnífico. Hay que matizar en cada caso y descubrir los elementos que nos permiten valorar los variados aspectos de las distintas tecnologías con un espíritu reflexivo y ajeno a prejuicios inútiles. Unas valoraciones que deben tener como horizonte la maduración y conquista de la autonomía de nuestros niños y jóvenes en el marco de una sociedad, la del siglo XXI, plagada de retos y cambios en todos los planos.

Se trata de profundizar en su mundo preguntándoles, leyendo, comentando con otros padres, asistiendo a cursos de orientación familiar. Y es que los últimos años, desde el inicio de la penetración de Internet en España que se podría situar entre 1998 y 1999, suponen una cambio acelerado y no podemos como padres perder el ritmo. Se nos ha dicho hasta la saciedad que educar hoy es más difícil. Este es un caso muy claro. Hace cuarenta años lidiábamos con cine, cómics, radio: hoy, la oferta de ocio audiovisual es inacabable.

Es decir debemos adentrarnos en este mundo e informarnos: qué hacen nuestros hijos y tutorados con el ordenador, con los walkman, con Internet, con los videojuegos, con la televisión interactiva. Pero habrá que meterse en faena y concretar.

De entrada un consejo sencillo de exponer y más complicado de llevar a cabo: estas nuevas tecnologías en casa deben ser compartidas: es el modo de sacarles el jugo, de criticarlas, valorarlas o rechazarlas. Para ello es oportuno tenerlas también en un lugar común. Eso facilita el control horario, la selección, el uso compartido. Que nuestro hijo tenga todos estos artilugios en su cuarto, disponibles a todas horas no es desde luego lo más oportuno.

A) La televisión ha cambiado: de los dos canales de inicios de los años ochenta hemos pasado a las televisiones públicas autonómicas; luego, en los noventa, a las privadas, y, entre estas últimas hay que distinguir las que emiten en abierto y las digitales (con decodificador). Luego existe la televisión por cable y más tarde hay antenas parabólicas que nos ponen en contacto con innumerables canales de todo el mundo. Las posibilidades son casi inagotables. Los contenidos inabarcables. Además nos hemos de olvidar de la televisión que se consume sólo en el hogar. Existen televisiones en todas partes: las de los bares, de las boleras, de las tiendas, de las discos. La oferta crece en cantidad, en los lugares de visionado y en tiempo. Los chicos ven de todo: fútbol, video clips, reportajes, publicidad… Y si no llegan tienen amigos que les graban vídeos. Y algunos no precisamente muy edificantes como las películas del Canal+. Y si no también pueden captar la televisión de pago con procedimientos piratas desde el ordenador.

Desde luego no siempre es así: y no todos los niños y jóvenes están todo el día ante el televisor. Pero hay que preguntarles. Hay que buscar el modo de compartir con ellos inquietudes y gustos. Hay que darles claves de interpretación: traer buen cine (del último) a casa. Analizar con ellos la publicidad. Ver video-clips y valorar con ellos qué tipo de mundo hay detrás de la música tecno, house, dance. Es una tarea ardua pero necesaria. Es preciso mantener una línea abierta con ellos en la que la nos puedan contar con claridad qué ven por ahí y, desde luego, racionalizar, seleccionar, y mejorar los contenidos que se contemplan en casa: sin imponer siempre contenidos excesivamente ideales y sin perder de vista sus gustos. Racionalizar su tiempo fuera: deporte, estudio, amigos, actividades… pero sabiendo que la tele (generalista, analógica, de cable, parabólica está ahí, omnipresente). Y desde luego evitar que esté en su cuarto. Ahí es donde perdemos la capacidad de supervisión ya en nuestra propia casa.

B) Videojuegos: Es un tema que crece día a día. Las grandes corporaciones se debaten en una lucha sin cuartel para dominar el sector ofreciendo consolas y juegos. Hay que saber entonces qué tipos de consolas hay, su precio, sus prestaciones; lógicamente también los juegos, su origen (pirata o compra), su calificación (para mayores, para adolescentes, o para niños), su género (plataforma, estrategia, simulación, arcade o educativos). Con los videojuegos pasa algo parecido a lo que sucede con la televisión: las consolas están en todas partes: en algunos videoclubes, en el colegio, en casa de un amigo, en el cuarto de nuestro hijo. Hay que tomar la iniciativa: invitar al uso compartido en casa con hermanos, amigos, con los propios padres. Entonces, en común, explicar los contenidos, señalar que la consola portátil es un mal sustituto del juego escolar, deportivo, en el barrio. Explicar qué juegos son oportunos y hasta educativos y qué juegos son crueles y, por ello, rechazables. Y recordar los horarios: tener presente que la consola, como la televisión, como Internet, consumidos en exceso, entran en conflicto con el estudio, con la compañía de amigos y familiares, o con el mismo sueño. Y es que hemos de jugar más con ellos: montar algún campeonato en casa de PC-fútbol. Con sus amigos, con sus primos. Que no se aíslen, de nuevo, que hablen, que nos cuenten cosas.

C) Ordenador e Internet. Hay que distinguir de entrada. Con el ordenador también se puede jugar a infinitos juegos. Por tanto hay que aplicar de nuevo las consideraciones del apartado anterior. Pero el ordenador se conecta a Internet. El capítulo de Internet exige que repitamos algo parecido a los anteriores apartados: es omnipresente: está en los cibercafés, en las bibliotecas, en la escuela, en casa de los amigos. Ellos saben que pueden acceder a los contenidos inacabables de la Red desde muchos lugares. Hay que hacerles saber qué supone este mundo. En casa podemos tener un filtro para evitar en el hogar lo peor de Internet. Pero en la calle eso no sucede. Debemos acercarnos a ellos y saber qué les gusta: si les interesa bajar música en MP3, o chatear.

Es muy posible que lo que les guste sea conectarse al Messenger y hablar con sus amigos, o enviar mensajes por correo electrónico, o quizá entrar en páginas deportivas. Las posibilidades son inacabables y en ese sentido las hay muy negativas. Las hemos de conocer: conocer los gustos de nuestros hijos en la Red. Quizá en casa no busquen pornografía pero pueden hacerlo por ahí. No es improbable que les guste hacer de hacker y entrar, saltándose las barreras, en sitios cerrados o piratear programas…El mismo chat tiene sus riesgos si quien está detrás es un desaprensivo. Las mismas letras de la música de MP3 pueden ser un tanto destructivas. Luego existe lo que se denomina el juego on line. Es decir: en vez de jugar contra la máquina, juegas contra otros chicos del resto del mundo dentro de Internet cada uno con sus personaje virtual en la pantalla. Estos juegos son muy atractivos y enganchan si no estamos al tanto.
De hecho se han utilizado unos cuanto términos que quizá resulten algo desconocidos: habrá que hacer un esfuerzo e informarse. Los primeros informadores son nuestros hijos: ¡Hay que escucharles! Para que nosotros les asesoremos ellos nos tienen que explicar primero. Compartir y explicar, seleccionar y construir un horario: pactar unas horas y unos contenidos. Y seguirles la pista desde la primera entrada (quizá 11 años). La realidad es que si queremos ponernos al día cuando tengan 17, quizá ya no nos cuenten nada. Hay que generar un clima de confianza cuánto antes mejor: tele, videojuego, Internet. Y el uso del ordenador, ¡siempre en un espacio compartido…!

D) Móvil. Lo primero que hay que pensar es hasta qué punto es imprescindible el móvil o si es una moda. El móvil es muy útil si queremos tener localizados a los hijos en casos excepcionales cuando hacen una salida a un lugar más o menos apartado. Pero cada día llevarlo al colegio es un exceso. El móvil se ha convertido en un juguete: hace fotos y las envía, graba voces o tonadillas y las convierte en timbre de llamada, admite cambios en la pantallas en forma de nuevos logos, también tiene juegos de pantallas muy básicos, sirve para escuchar música y enviar los famosos mensajes de texto, SMS. Esos mensajes son una pasión: se los envían a todas horas y suponen un lenguaje críptico y un tanto alejado de la ortografía. Estos mensajes lo son todo menos la comunicación de temas serios. Hay que decir que el móvil mal usado puede llevar a conductas adictivas. Hay que usarlo cuando es preciso y retenerlo en casa para mejor ocasión si no es imprescindible. A los adolescentes les sirve para marcar su adscripción al grupo, sus símbolos de estatus. Habrá que ir con cuidado y lograr que desde pequeños nuestros hijos vivan la sobriedad y entiendan que para ser aceptados por tres o cuatro compañeros no vale la pena gastarse los 300 euros que valen estos artilugios que no paran de ofrecer nuevas prestaciones.

E) Walkman. Hoy impera el discman que lee CDs . Los adolescentes corren el riesgo de aislarse de un modo total con los cascos del walkman, del discman. La música puede provenir de la compra o del pirateo. Si es del pirateo eso supone muchas horas de copiar CDs o de bajar música, canciones, albumes, en MP3 de la Red. Se dice que escuchar música con cascos supone un autismo social que nos sólo carga el cerebro de decibelios sino que exige pasar muchas horas ante las pantallas mencionadas con anterioridad. Viendo video-clips (a menudo de la MTV), y sobre todo en el ordenador, en Internet. Y uno de los riesgos ante esta música prácticamente gratis es lo que se conoce como el acopio compulsivo de información. Es decir: el adolescente, ciertamente codicioso, que acumula más música de la que puede o tiene tiempo de escuchar.

Conclusión. La conclusión es que hemos de empezar a relacionarnos con nuestros hijos para que nos sean unos aburridos consumidores de todo lo que cae en sus manos. La solución es lograr que sean austeros y eso pasa por que tengan aficiones, intereses, y un tiempo libre muy motivador y pautado sin espectaculares vacíos (a partir de los 16 años pueden trabajar en diciembre, enero o julio): los juegos de siempre, deporte, aficiones, lectura, salidas, naturaleza, cultura. Y por supuesto los valores precisos para contar con las habilidades sociales que les ayuden a mejorar en esas actividades.

Luego llegará el uso de las nuevas tecnologías que para ellos sólo es ocio. Ahí habrá que pautar selección de contenidos, horario, modo de uso, lugar de uso, turnos. No se puede dejar nada al azar: estos tiempos van muy acelerados y los padres avisados deben no perder el ritmo si no quieren que sus hijos sean atrapados por la (astuta y nada paternal) industria del ocio.

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Los simplismos en temas tan complejos como la educación son muy peligrosos. La profesora María Ángeles Oliveros Correa ha realizado unos comentarios al respecto que hago míos.

Algunos de los objetivos que se proponía la escuela mixta eran: promover una educación que tuviera por modelo la familia; facilitar la integración y maduración de las emociones del niño y generar un mayor ambiente competitivo. La mujer adquiriría una mayor facilidad en el juicio y en la expresión, mientras que los chicos aprenderían de las chicas a estudiar con diligencia y constancia. La presencia de las chicas mejoraría las relaciones sociales. Se desarrollaría con más naturalidad la amistad. Sin embargo, actualmente hay abierto un debate sobre la educación mixta y separada sencillamente porque no se han logrado los objetivos propugnados por este sistema.

Los países pioneros en implantar la coeducación están revisando sus planteamientos. Los estudios vienen de países como Japón, Estados Unidos y Suecia con una larga experiencia en sistemas de educación mixta, con una mayor tradición social de igualdad de oportunidades entre los sexos. El acuerdo por lograr una mayor oportunidad de igualdad social es unánime, pero hay razones para el desacuerdo. Sobre todo, la falta de garantías científicas. En muchos centros no puede hablarse de coeducación aunque incluyan chicos y chicas porque no se tiene en cuenta su diversidad ni se respetan sus exigencias personales. Además, los ritmos de maduración psicológica son distintos. Es sabido que entre los diez y los trece años las chicas se desarrollan más deprisa y que entre los catorce y los diecisiete su evolución es mucho más lenta mientras que en los chicos es mas rápida. Parece que igualarles la educación en estas edades es un contrasentido psicológico. Por otra parte, en la educación de la sexualidad no conviene olvidar que es distinta la función del sexo en la mujer que en el hombre. La mujer necesita una preparación adecuada para una misión que requiere una especial capacidad de decisión y fortaleza. Se puede estar a favor de la coeducación o de la educación separada pero, en cualquier caso, hay que optar por la libertad. Una sociedad se empobrece cuando obliga a todos a seguir un único modelo educativo. Hay que respetar el derecho de los padres para elegir el tipo de escuela que mejor se adecue a sus intereses. En un país democrático la libertad para escoger el modelo de educación debería estar garantizado por el Estado.

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Te cuento un cuento

Cada relato, cada cuento que contamos a nuestros hijos, va por una parte llenando su mundo de fantasías que tanto necesita y tanto busca, y por otra ampliando y enriqueciendo su lenguaje. Un niño que escucha cuentos aprende a escuchar y sobre todo aprende a expresarse, a contar y a hilar la descripción de hechos o cosas con palabras.

EL MEJOR MOMENTO: Si contar cuentos a los pequeños siempre es bueno, cuando el niño comienza a leer en el colegio es fundamental. Pese a lo que pueda parecer, este es el momento en el que más debemos dejarnos convencer por los niños para acceder a sus insistentes peticiones de relatos.

No importa que el cuento sea leído o inventado, aunque de vez en cuando conviene que nos vean y aprendan a identificar aquel objeto como la puerta del país de los cuentos, el lugar de donde vienen todos esos personajes: hadas, brujas, castillos, gnomos, gigantes… Los niños que aprenden a leer en el colegio y se acostumbran a utilizar la lectura sólo como instrumento escolar de estudio no suelen llegar a ser ávidos lectores, y lo que es peor, muchas veces ni siquiera consiguen ser buenos estudiantes.

La lectura debe ser un placer para el niño, una auténtica diversión, un juego más. Para esto es preciso que existe un fuerte estímulo en el hogar, un estímulo que huye de toda presión que viene progresivamente según las etapas de maduración por las que atraviesa su mente infantil. La lectura, bien enfocada, se hace juego y aporta grandes dosis de fantasía y creatividad que satisfacen la superdemanda que el niño tiene de ellas. Al tiempo está aumentando su vocabulario y mejorando su capacidad de expresión.

¿DONDE HAY MÁS CUENTOS?. Desde el gusto por la lectura, a medida que el niño va creciendo, vamos hacia el interés por la lectura. Debe llegar el momento en que el niño busque activamente el hábito de la lectura, que se interese por lo que dice un libro, que se pregunte qué nuevas aventuras, personajes o situaciones podrá conocer si se introduce de lleno en las páginas de un libro determinado. Para que esto ocurra es preciso, fundamentalmente, que se den estas dos circunstancias: que exista una literatura apropiada para su edad y sus conocimientos, y que se viva en casa un ambiente favorable a la lectura. De ambas condiciones somos responsables los padres e incluso los hermanos mayores si es que los hay.

DAR EJEMPLO. La mejor manera de mostrar a nuestros hijos que leer es atractivo y divertido es que nos vean leer. Que se acostumbren, desde bien pequeños, a ve a los mayores leer apasionadamente un libro. No basta con la lectura de periódicos, revistas más o menos especializadas o dominicales, si no que es preciso que se produzca el contacto con el libre en sí.

Que nos oigan comentar con nuestro cónyuge, con los amigos, el nuevo libro que estamos leyendo, que nos vean prescindir del televisor para dedicarnos a leer con entusiasmo. No con leer siempre encerrados en un cuarto, no hacerlo solo cuanto los niños ya están dormidos, por el contrario, procuramos dejarnos ver ávidos de quedar enfrascados en la lectura. El ejemplo es el primer mandamiento de la educación de los hijos.

Por otra parte, las características y los temas de las lecturas que el niño va realizando no sólo enmarcan su progresiva adquisición de conocimientos sino que también condicionan su gusto por la lectura. Si el niño tropieza con temas densos, lenguajes incomprensibles, o historias inacabables, poco a poco irá perdiendo el gusto y el interés por someterse a semejante tortura. Por el contrario, si encuentra libros apropiados a su edad y a sus necesidades lúdicas, pronto tomará afición y acudirá a su cita con los libros por propia iniciativa.

Cada edad tiene sus particulares necesidades culturales pero en general – por lo menos hasta la adolescencia – el aspecto lúdico es el ingrediente de la lectura infantil.

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Acabo de leer que cada año, sólo en Francia, se fugan de sus casas cien mil adolescentes, y cincuenta mil intentan suicidarse. Los estragos de las drogas -blandas, duras, naturales o de diseño- son conocidos y lamentados por todos. Parece como si las conductas adictivas fueran casi el único refugio a la desolación de muchos jóvenes. La gente mueve la cabeza horrorizada y piensa que casi nada se puede hacer, que son los signos de los tiempos, un destino inexorable y ciego.

Sin embargo, se pueden hacer muchas cosas. Y una de ellas, muy importante, es educar mejor los sentimientos. El sentimiento no tiene por qué ser un sentimentalismo vaporoso, blandengue y azucarado. El sentimiento es una poderosa realidad humana, que es preciso educar, pues no en vano los sentimientos son los que con más fuerza habitualmente nos impulsan a actuar.

Los sentimientos nos acompañan siempre, atemperándonos o destemplándonos. Aparecen siempre en el origen de nuestro actuar, en forma de deseos, ilusiones, esperanzas o temores. Nos acompañan luego durante nuestros actos, produciendo placer, disgusto, diversión o aburrimiento. Y surgen también cuando los hemos concluido, haciendo que nos invadan sentimientos de tristeza, satisfacción, ánimo, remordimiento o angustia.

Sin embargo, este asunto, de vital importancia en educación, en muchos casos abandonado a su suerte. La confusa impresión de que los sentimientos son una realidad innata, inexorable, oscura, misteriosa, irracional y ajena a nuestro control, ha provocado un considerable desinterés por su educación. Pero la realidad es que los sentimientos son influenciables, moldeables, y si la familia y la escuela no empeñan en ello, será el entorno social quien se encargue de hacerlo.

Todos contamos con la posibilidad de conducir en bastante grado los sentimientos propios o los ajenos. Con ello cuenta quien trata de enamorar a una persona, o de convencerle de algo, o de venderle cualquier cosa. Desde muy pequeños, aprendimos a controlar nuestras emociones y a también un poco las de los demás. El marketing, la publicidad, la retórica, siempre han buscado cambiar los sentimientos del oyente. Todo esto lo sabemos, y aún así seguimos pensando muchas veces que los sentimientos difícilmente pueden educarse. Y decimos que las personas son tímidas o desvergonzadas, generosas o envidiosas, depresivas o exaltadas, cariñosas o frías, optimistas o pesimistas, como si fuera algo que responde casi sólo a una inexorable naturaleza.

Es cierto que las disposiciones sentimentales tienen una componente innata, cuyo alcance resulta difícil de precisar. Pero sabemos también la importancia de la primera educación infantil, del fuerte influjo de la familia, de la escuela, de la cultura en que se vive. Las disposiciones sentimentales pueden modelarse bastante. Hay malos y buenos sentimientos, y los sentimientos favorecen unas acciones y entorpecen otras, y por tanto favorecen o entorpecen una vida digna, iluminada por una guía moral, coherente con un proyecto personal que nos engrandece. La envidia, el egoísmo, la agresividad, la crueldad, la desidia, son ciertamente carencias de virtud, pero también son carencias de una adecuada educación de los correspondientes sentimientos, y son carencias que quebrantan notablemente las posibilidades de una vida feliz.

Educar los sentimientos es algo importante, seguramente más que enseñar matemáticas o inglés. ¿Quién se ocupa de hacerlo? Es triste ver tantas vidas arruinadas por la carcoma silenciosa e implacable de la mezquindad afectiva. La pregunta es ¿a qué modelo sentimental debemos aspirar? ¿cómo encontrarlo, comprenderlo, y después educar y educarse en él? Es un asunto importante, cercano, estimulante y complejo.

proponer un programa exigente y completo de valores, apoyados y vividos desde una educación para la virtud, permitirá que los niños, adolescentes, jóvenes y adultos maduren cada día en su humanidad, vivan abiertos a los demás, y se preparen en serio a la meta en la que se decide, para siempre, el bien verdadero de cada uno de nosotros: el encuentro eterno con Dios. ¿No debería ser esa la señal inequívoca de que hemos sabido ofrecer un buen programa de formación en los valores?

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A pesar de lo que podía parecer, el continuo crecimiento escolar en Europa no ha traído consigo un “boom” de lectores. Se supone que quien estudia en la universidad leerá más. No es así en Francia: entre la población de 20 a 24 años, las compras de libros tienden, año tras año, a decrecer. Quizá es que el libro está muy caro -en realidad, no más caro que otros muchos productos-, pero no es eso. Tampoco se va mucho a las bibliotecas para solicitar libros en préstamo. Casi todos los bibliotecarios dicen lo mismo: la gente, sobre todo la gente joven, acude a las bibliotecas, pero para estudiar los propios libros de texto o los apuntes.

Una obligación desagradable

Hay quienes no pueden creerse todos esto. Sobre todo algunos padres. ¿Acaso no están los colegios mejor que nunca y los educadores muy concientizados de la conveniencia de la lectura? Punto importante, que conviene aclarar: no es que no exijan la lectura en los centros de enseñanza. Al contrario: se hace más que nunca. Pero esa exigencia, en lugar de convertir el leer en algo agradable, lo hace molesto. Consecuencia: cada vez encuentran los estudiantes más dificultades para entender cualquier libro. Por no hablar de manejar la bibliografía, de acudir a las fuentes. De eso, casi nada. Se lee el libro que hay que leer, utilitariamente para el examen. Queda como de otro planeta eso de encontrar placer en la lectura, de enfrascarse en el libro, de no poderlo dejar… Según un estudio realizado para el Ministerio de Cultura (15.000 entrevistas a ciudadanos mayores de 18 años), el 63% de los españoles no compra ningún libro al año. En el 17% de los hogares no hay ni un solo libro. La media, por hogar, es de 145. Dedica algún tiempo a la lectura el 56% de la población. El 42 no lee jamás, ni por una urgencia, ni una vez al año.

Quejas de las bibliotecas

Para que se vea que la homogeneidad de la cultura es hoy un hecho -de la cultura en sentido antropológico- compárese el dato anterior con el que ha hecho público la industria editorial norteamericana, según refiere The Economist: el 60% de los hogares norteamericanos no compra ni siguiera un libro al año. Un estudio de 1894 descubrió que un tercio de los adultos norteamericanos es incapaz de leer por encima del nivel de un alumno de 14 años. Y el porcentaje de quienes pueden leer, pero -de hecho- no leen nunca, llega al 40%. Esta crisis de lectura se nota también en las bibliotecas, según señala The Economist (7-III-92) a propósito del Reino Unido. Había sido siempre un país de bibliotecas públicas, y aún existen 4.783, con un préstamo de diez libros al año por persona. Pero la gente empieza a leer menos. Vista la menor eficacia, reciben menos financiación. Lo cual repercute en una oferta peor. Que incrementa el número de los que dejan la complicada tarea de leer. Un caso más del círculo vicioso. El mal es general y el diagnóstico casi siempre el mismo: una especie de desgano, como de incapacidad para mantener el hábito de recorrer con los ojos un texto impreso. La escolaridad ha aumentado en todas partes. En muchos países está escolarizado el cien por cien de la población hasta los 16 años. Por lo menos diez años del mejor tiempo de la vida para poder aficionarse a leer. Y, sin embargo, no.

La influencia familiar 

No hay más remedio que preguntarse por las causas. Nunca, como desde hace treinta o veinte años, según los países, los sistemas escolares han hecho hincapié en la lectura. Nunca como hoy la lectura ha sido tan obligatoria. Pero ahí está ya parte del problema: nunca ha sido más teórica. El libro se hace cosa escolar, tarea. Al mismo tiempo el niño o la niña no ven leer a sus padres. Los mayores, se sabe, ven más de lo que leen; ven televisión. Una vez más, la familia es el principal lugar para el aprendizaje de hábitos. Aprender a leer es, antes que nada, ver leer. El niño imita siempre. El aprendizaje, sobre todo en los primeros años, es imitación. No es extraño que cuando la familia, por lo que sea, no funciona, fallen también los hábitos de lectura, después de otras muchas cosas importantes. En el Reino Unido, la fundación Nacional para la Investigación Educativa realizó entre 1987 y 1991 una encuesta a 2.170 niños de siete y ocho años, en 61 escuelas. “Los resultados apoyaron la conclusión de que se ha producido un descenso en el rendimiento general”. Ese descenso se nota más, añade, en las familias que están a cargo de uno solo de los padres. Ese es uno de los factores. Otro, ya muy conocido, es el exceso de televisión. Aunque no se tenga habitualmente en cuenta, leer es también un asunto manual; hay formas mejores que otras de tener el libro entre las manos, de cuidarlo, de guardarlo. Al ver televisión, las manos se acostumbran a no hacer nada, salvo alimentar, mediante el zapping, la propia cantera de imágenes, Un buen lector de libros, llega a tener al lado lápiz y papel, la televisión hace innecesario todo esto.

Inteligencia en la escuela

En algunos colegios se está enfocando el aprendizaje de la lectura de un modo menos escolar y más inteligente. No se trata de que los alumnos lean -y menos de que simulen que han leído- sino de que lleguen a descubrir por su cuenta el libro. Por su cuenta, después de una callada orientación.

En la historia de la humanidad, antes del libro está la narración oral, el contador de historias. Poca gente, si hay alguna, es insensible a la narración de historias. El cuento, antes que impreso, está en los labios. Muchos libros pueden ser empezados por los maestros y, cuando la atención ha prendido, continuados por los alumnos, ya en la lectura. Y no sólo en la enseñanza primaria. Lo mismo puede y quizá debe hacerse en el bachillerato.

No es buen síntoma tampoco hacer en el aula un elogio cultural del libro. Estos elogios, realizados con la mejor intención, suelen ser contraproducentes en la mayoría de los alumnos. El libro tiene que entrar casi como un juego, como un tesoro escondido. Nadie va pregonando un tesoro escondido. Hay que señalar pistas, como quien no quiere la cosa, para que cada uno lo encuentre. Como en la isla del tesoro, de Stevenson, que no en vano es siempre uno de los preferidos.

La propia lista

Tampoco parece un buen sistema elaborar listas de libros imprescindibles. Y por la misma razón: parece algo ajeno, impuesto. Sin duda alguna, es posible hacer listas de los mejores libros, pero cada uno de ellos ha de ser encontrado como si se acabase de escribir. Los niños y los jóvenes, por lo general, reaccionan en contra de la pedantería cultural, incluso cuando no saben lo que eso es. No se trata de leer a ultranza o de leer por leer, sino de redescubrir lo valioso que ha sido hecho por alguien.

Por eso no importa que a veces se empiece por libros que estén de moda o que sean triviales, con tal que no se trate de pura basura ortográfica, sintáctica o moral. Se empieza por lo trivial, se adquiere el hábito de leer y luego se continúa, quizá, hasta llegar a disfrutar de la Ilíada, y no en versión adaptada.

En la lectura ha mucho de hábito, y de hábito corporal, que no hay que espantar con discursos pseudoculturales. El lector de libros, hasta los 100 años, es un descubridor, un aventurero.

Un libro medianamente bueno implica, en su autor, muchos años de lectura; el uso de una tradición lingüística y cultural que es objetiva, que se hereda, no se fabrica. El lector habitual va almacenando mucho más de lo que él se imagina. La metáfora del tesoro de la memoria, por gatada que esté, se refiere a algo real.

Más importancia en la lectura

Si esto es así, y parece que sí, el gusto por e libro sólo puede ser transmitido por verdaderos gustadores de libros. Y no es eso lo que ocurre en muchas familias -a juzgar por lo que gastan en libros- ni, lo que tal vez es más grave, en algunos profesores. No sería tan difícil poner ejemplos de profesores que no leen más que el libro de texto. O de profesores que piensan que lo de transmitir el gusto por la lectura es algo específico de los profesores de lengua y literatura, pero no de ellos, que son de matemáticas o dibujo.

El libro no es un asunto de letras. El libro ha sido hasta ahora, y desde hace muchos siglos, el vehículo de la transmisión cultural. Una cosa es no hacer una apología superficial y en el fondo perjudicial del libro y otra es dejar esa labor indirecta e inteligente sólo a los encargados de enseñar la ortografía y la sintaxis.

Es un poco hipócrita quejarse de la disminución de los hábitos de lectura y a la vez reducir cada vez más la importancia de las humanidades en la enseñanza. Reducir en la práctica, porque hay un discurso teórico que reconoce la validez de esa tradición humanística pero que, a la hora de destinar fondos, se decanta por potenciar los idiomas modernos o la informática. El gusto por el lenguaje propio acaba naturalmente en el gusto por su literatura, no es un asunto de letras, es la misma espina dorsal de cualquier instrucción.

Como dice el viejo proverbio, el valle se defiende en el bosque. Si no se cuida el bosque, la erosión alcanzará finalmente a todo. El libro, el gusto por la lectura, se defiende en un atento y cuidadoso esmero en el leguaje. En definitiva, hablar y escribir de cualquier manera son incomparables con leer. Esa es la clave esencial

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Fondo Lector

Ací deixe un hipervincle a una pàgina web en el que podreu trobar un munt d’activitats per a treballar la comprensió lectora. http://www.juntadeandalucia.es/averroes/~cepco3/fondolector/

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